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Singladura

  • Del fracaso al allá ustedes
  • Por Roberto Cienfuegos J.

 

Senda Política

Es vox populi que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Esto es lo que en buena parte está pasando en México a propósito del accionar gubernamental de cara a la pandemia de la Covid-19 que perfila, con contundente evidencia mortal, excesiva y dolorosa, una tragedia nacional. Pero ni siquiera eso quiere ver el gobierno, que en cosa de semanas pasó del fracaso estrepitoso en la prevención, contención y control de la enfermedad al siempre peligroso e irresponsable terreno del allá ustedes. En medio, está claro, figura una economía colapsada y cuya parálisis o contención dejó hace tiempo de ser viable aún como medida sanitaria a destiempo y se hizo francamente insostenible, aunque ya venía dando tumbos debido al desacierto, capricho, ignorancia y aún soberbia gubernamental mucho antes de este año tan aciago y cuyas repercusiones se extenderán más allá del dintel del 24 que ya añoramos.

Y no deberíamos ahora ni siquiera sorprendernos por las cifras de muertes, contagiados y casos activos de la enfermedad. Lo digo en serio aun y cuando resulte triste por la pérdida de miles de vidas y el dolor de miles de deudos, que despidieron a sus seres queridos de manera tan sorpresiva, casi seguramente inesperada y aún anticipada. Los saldos se da por descontado se multiplicarán y saldrán seguramente a la luz pública, así el subsecretario vocero ponga allí sí antifaz o tapabocas a los números en un intento que seguramente resultará fallido por encubrir la crisis, así ésta se conozca irremediablemente tarde o temprano, sin que esto haga una diferencia o deje de importar a miles de dolientes, entre ellos huérfanos y viudas.

Más allá del recuento cotidiano de víctimas, nada confiable y con un agudo subregistro, se constata una grave negligencia criminal de los mandos sanitarios del país. De hecho, hay evidencias palmarias de que ya dejó de importarles el número fatal. La consigna hoy parece ser: si se quiebran pues que se quiebren. Después de todo, el mundo aún gira y la vida continúa junto con el espectáculo y la liza electoral del 21, el verdadero epicentro del gobierno en México. La Covid-19 sigue cobrando vidas al frenético ritmo del reloj, que avanza de manera inexorable y pare donde pare ante el desdén gubernamental y la urgencia oficial de echar a andar el “elefante reumático” en que la 4T convirtió la economía para ensayar un arcaico proyecto que ya antes de la pandemia costó empleo, crecimiento, inversiones y futuro nacional, aunque también reticencia, sospecha, incertidumbre y desconfianza entre actores económicos y sociales clave.

Bajo la presión naturalmente de levantar o suavizar al menos la brusca y extemporánea parálisis de la economía, cuyo desplome es un hecho tangible para millones de mexicanos, muchos de ellos ahora más pobres, el gobierno reculó inicialmente con la reanudación de áreas consideradas esenciales para la economía como el transporte, la minería y la construcción. Hubo en la adopción de esta medida la presión estadunidense, claro.

Pero para entonces ya era un hecho el fracaso de las acciones emprendidas hacia finales de marzo –cuánta pérdida de tiempo- para contener la pandemia.

Otro gallo seguramente nos habría cantado si el subsecretario vocero, con la anuencia, compromiso y concurso directo claro de sus jefes inmediatos superiores y aún del Consejo de Salubridad General, hubiera -¿no existe?- adoptado medidas inmediatas, oportunas y atinadas contra la pandemia. Una de ellas, por ejemplo, simple, útil y económica: el uso masivo de cubre-bocas, caretas y gel o lavado de manos. La sana distancia y el confinamiento hogareño cuando apenas despuntaba el virus en el horizonte mexicano, fueron otras acciones tardías y pospuestas por razones que la lógica juzga inexplicables, pero cuyo aplazamiento resultó criminal y muy costoso económicamente a la postre conforme revelan de manera contundente las cifras fatales de cada día, que se acumulan y suman irremediablemente y que también tienen correlato económico.

¿Qué nos queda por delante? ¿Seguir atentos a tanta estulticia, ignorancia, desdén o simple y llanamente mantenernos al día del conteo cotidiano, así sea inexacto, de las muertes y casos? Como se ha hecho otras veces en circunstancias graves y dolorosas, es tiempo de hacer a un lado al gobierno, mandarlo a Palenque, o al diablo como alguien, hoy impertérrito e inamovible, dijo hace años, para asumir por nuestra cuenta el cuidado de la salud y la vida. Esto en tanto nos llega el día de plantarnos ante una urna para hacernos justicia plena y legítima.

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@RobertoCienfue1